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Hasta aquí podíamos llegar; en una
discoteca valenciana sortean un aumento de pecho entre todas l@s asistent@s, no sé si por captar clientes o por la repercusión mediática que ya ha supuesto la sola publicación de la noticia. Como sólo sabemos copiar y nos gusta causar sensación ¡hala! a regalar aumentos de pecho como si se tratara de vales descuento. Eso sí, justificándose con el hecho de que Valencia es la ciudad que más implantes de silicona tiene por metro cuadrado. Desde luego, han conseguido lo que querían: darse publicidad y llenar el local la noche del sorteo, ya que por 20 euros alguna se puede hacer la operación de sus sueños y al mismo tiempo poner en peligro su salud si no se adoptan las medidas higiénico- sanitarias oportunas, pero eso es otra historia…
Lo curioso es que lo llaman “homenaje a la mujer”, pues a mí que me regalen un crucero por el Caribe, que mis tetas elijo yo como las llevo y sobre todo, en el hipotético caso de que se me ocurriera hacer tal cosa, - que creo que no-, supongo que elegiría – aún a riesgo de confundirme- un buen cirujano, no al amigo del dueño de la discoteca, que luego vienen las reclamaciones y no sabríamos por dónde empezar, pero eso, también es otra historia…
Lo que yo me pregunto es qué pensará de esto la flamante ministra de igualdad, dado que, a mi entender, esto deja de manifiesto una vez más que, desgraciadamente, la mujer está siendo tratada como un objeto sexual. Desde mi punto de vista y desde una talla más bien pequeña, una mujer tiene que aceptarse tal y como es, con poco pecho o mucho, altas o bajas, feas o guapas, de lo contrario poca autoestima tiene y flaco favor estaría haciendo a sus hijas si las tiene o el día de mañana. Si nosotras, las mujeres, no luchamos por erradicar esta conducta machista de nuestras vidas, acabaremos siendo tan frívolas como esta sociedad nos está indicando y yo, al menos, no estoy dispuesta a entrar en este tipo de juegos.