Imagen de narros.congreso.esTodos estamos “enamorados” de ella, pero lamentablemente, cada vez hay más personas que no actúan de acuerdo a sus reglas. Cuando nació la Constitución yo tenía muy pocos años y la verdad, no entendía nada, pero a medida que me fui haciendo mayor empecé a notar las bondades de nuestra Carta Magna y, reitero lo dicho al principio: me encanta. No podía entender cómo vivía la gente sin ella, cómo podían existir personas que actuaban en todo momento según sus propias convicciones y haciendo creer a todos que era lo mejor.
Entendí que a los españoles, lo mejor que nos pudo pasar fue la aprobación de la Constitución para que nuestra forma de Gobierno, se rigiera por las leyes que en ella se incluyen. Lo que está claro es que no todas las leyes se respetan al 100%, pero si presumimos de democráticos y liberales, no podemos ir por la vida de prohibición en prohibición. Alucinaríamos si nos paramos a pensar en la cantidad de veces que somos “dictadores” y pretendemos que todo el que tenemos a nuestro alrededor nos haga los coros y actúe según nuestros deseos…
Si nos fijamos en nuestros propios actos, sólo veremos el lado de la Constitución que más nos interesa y estamos dejando a un lado el derecho de los demás, sin pensar que esa misma Constitución, también tiene derechos para ellos. Por tanto, lamento terminar como empecé: diciendo que a pesar de estar totalmente de acuerdo con ella, muchas veces –demasiadas- nos saltamos sus normas a la torera; sin romper la sonrisa y el talante que nos caracterizan. Seguimos hablando de Libertad, sin pensar en que esa palabra sigue siendo una utopía. Nos creemos libres y estamos más esclavizados que nunca, pero si me permitís, queridos lectores, eso es otro capítulo…








