
Ahí, mientras se desestresa estará pensando en cómo ofrecer a los españoles (cada vez menos) que todavía creen en él, algún antídoto contra la desaceleración esa que se empeña en llamar a la crisis que cada día es mayor. Cuando vea desde su escondrijo vacacional que las hipotecas y el paro suben y el poder adquisitivo de los españoles baja, tal vez, entre refrigerios y chapuzones veraniegos, la cabeza le permita pensar que algunos privilegiados pueden seguir manteniendo su estilo de vida, pero el resto, los españolitos de a pie, tendrán que hacer demasiados números para llegar a fin de mes. No creo que el socialismo que defendía Pablo Iglesias se parezca mucho a éste.
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